Sociales
Un día inolvidable en Rincon Chico (Limay Superior)


Con mi espectacular grupo de pesca, planeamos e imaginamos cada día de nuestros viajes, meses antes de que este se concrete. De este modo pescamos todo el año, imaginariamente fuera de la temporada y concretamente en la misma.
En esta ocasión viajé con mi gran amigo y socio Rubén “Tolo” Sánchez, Sergio “Yeyo” Martínez (que en esta ocasión, por mal de amores, fue a hacer terapia en grupo más que a pescar) y el excelente amigo Edgardo “Gordo” Garbín.
Nos hospedamos en la Angostura y decidimos pescar un día entero el Limay Superior en la Estancia del Rincón Chico.
Si bien este programa me agradaba, imaginaba en mi interior, que podía ser otro día más de los cuatro o cinco que había visitado este espectacular río en anteriores ocasiones y en distintas zonas. Resultado: sólo una vez, en la zona de Piedra del Águila tuve un pique impresionante que tal vez por inexperiencia, me falló el freno del reel y en el momento que la trucha me estaba sacando backing, se trabó el mismo y me cortó, sin poder siquiera verla. Como moraleja de esta experiencia, llegué a Mendoza y me compré un buen reel para que no vuelva a suceder.
En todas las otras oportunidades pude pescar en este río hermosas arco iris y ocasionalmente pequeñas marrones de no más de 20cm. Respecto a esto, el querido Chiche Aracena, con el que tuve la suerte de pescar un par de días, nos decía, que en el Limay podíamos pescar arco iris y truchas, marcando para él la diferencia entre las grandes marrones, a las que sí le otorgaba el "título” de truchas y las otras especies.
Llegamos al Rincón Chico aproximadamente a las 9:00 de la mañana y tras observar en el interior de la vivienda del guardaparque las envidiables fotos de nuestro amigo Santiago Zizzias, nos dirigimos al pozón por él preferido del Arroyo Chacabuco.
Preparamos nuestros equipos con la ansiedad de siempre, y de reojo miraba ese impresionante río y trataba de imaginar cómo pescarlo en esa oportunidad. Preparé mi caña Orvis N.8 de 9 pies, con una línea Teeny 250 y un líder de 2.10 metros terminado en un tippet 1X.
Corría un fuerte viento de oeste a este, con ráfagas que no permitían que mantuviéramos nuestras líneas en el aire, y como pescamos la margen de Neuquén, a los diestros nos dificultaba bastante nuestros casts, por lo que decidí gran parte del día, pescar de espalda, para perder algo en distancia pero mantener el control de la línea. Siempre recuerdo un artículo que leí en una oportunidad que me pareció espectacular y recomiendo leer: “Aprendiendo el Doble Haul” de Pablo Negri, en la página de Ríos y Senderos (www.riosysenderos.com), en el link de Técnicas de pesca con Mosca, en la parte de Lanzamiento, donde nos dice que al igual que en un automóvil, a mayor aceleración (mayor distancia), menor control, y por tanto, mayor probabilidad de errores…”. Preferí por lo tanto, vistas las condiciones de viento fuerte, relegar distancia casteando de espaldas, con el fin de un mejor control de la línea y presentación de la mosca.
Inicialmente opté por una mosca Blond, blanca y negra, atada en anzuelo Nº 2.
En nuestra primer pasada por este pozón sin ningún pique. comentamos lo extraño que no se observara actividad de las arco iris perimetrales que siempre alguna alegría nos brindan.
Decidimos hacer una segunda pasada por el mismo pozo, antes de dejarlo descansar y en esta ocasión opté por una Wool Head, color beige, atada en anzuelo N. 4. Ya sobre el final de la pasada y con Yeyo sentado bajo el sauce del lugar mirándonos, tengo el primer pique, un hermoso macho marrón de 2 Kg, acusados en la balanza de Yeyito. Inmediatamente lo devolvimos a su hábitat para que en otra oportunidad nos vuelva a dar otra alegría. Ya me sentía más reconfortado, la primer marrón del Limay, con medidas más interesantes.
El Tolo y el Gordo decidieron partir aguas abajo y yo me quedé para hacerle una última pasada a este pozo, total contaba con la compañía de Yeyo bajo el sauce.
Ya hacia el final del pozo, cuando uno piensa “dos cast más y recojo”, Yeyo me dice que va a ir a buscar a los otros. En la última pasada, siento que la línea se baja de repente y empiezo a sentir los cabezazos característicos de las marrones importantes. Mantengo mi caña arriba y veo que asoma la cabeza un impresionante macho. Le grito a Yeyo para que vuelva y a los cinco minutos habían vuelto todos. Tras una interesante pelea de aproximadamente 10 minutos, pude tener entre mis manos una hermosa marrón macho que pesó 3,100 Kg. El Gordo le sacó las fotos correspondientes y una vez devuelta al agua, festejamos la primer captura importante del día.



Trucha marrón residente de 3,100 Kg.


Todavía estaba festejando, cuando miro aguas arriba, y veo a mis amigos preparando sus cañas para volver a pescar este pozón que tantas alegrías le ha dado a Santiaguito Zizzias.
Me coloco en la última posición decidido a hacer nuestra última pasada ya que estábamos casi en la hora de almuerzo.
La mosca con la que pescaba era la misma (Wool Head) porque tengo la teoría, que muchos no comparten, que “equipo ganador no se cambia” hasta que haya otro pique con otra mosca distinta a la que ya picó.
A la altura del sauce del pozón, otra vez siento que se detiene fuertemente mi línea, inmediatamente clavo y veo que salta otra hermosa trucha plateada. Después de varios minutos de pelea, puedo tener entre mis manos, para la foto y pesada correspondiente, una hermosa marrón migratoria que acusó en la balanza 4 kilos. No lo podía creer… Ya en ese momento prometí a mis amigos que en la cena de la noche eligieran el vino que quisieran que yo invitaba para festejar ese gran día. Inmediatamente me redoblaron la apuesta, y me dijeron que si sacaba otra no sólo pagaba el vino sino también la cena.



Trucha marrón migratoria de 4.000 Kg.


Habíamos dejado la camioneta a orillas del Chacabuco y decidimos hacer la parada del almuerzo, con los infaltables sandwichs para los pescadores ansiosos que no quieren perder horas de pesca, en esos cortos días del fin de temporada. Mientras comíamos y observaban si el wader me quedaba apretado justo debajo de la cintura por mi gran “c….” suerte del día, no podía creer lo que estaba viviendo, esas truchas impresionantes en ese río inmenso.
Dejamos descansar el pozo aproximadamente un par de horas y volvimos a pescar el mismo, pensando que podía haber un cardumen de marrones, debido a que al no haber arco iris periféricas, estábamos convencidos de que debían haber muchas grandes más, ya que según dice Diego Flores, cuando las marrones están en los pozos, las truchas chicas están en la copa de los árboles.
Comenzamos a pescar nuevamente el pozón desde su inicio y justo a la altura de la curva, un poco antes de llegar a la zona del sauce, siento que algo detiene nuevamente mi mosca y empieza a saltar desesperada. La tenía bien clavada y en un momento determinado empieza a correr hacia mi posición, empecé desesperadamente a recoger línea hasta que en un momento sentí que la misma se había ido… No lo podía creer, otro truchón que en esta ocasión había ganado.
Terminamos de pescar el pozo y decidimos continuar aguas abajo para dejarlo descansar y volverlo a pescar a última hora. En ese momento llegó un grupo de cuatro pescadores de la Pampa que se ubicó en ese famoso pozo y empezaron a rastrillarlo nuevamente.
No habrá pasado media hora, que uno de los colegas pampeanos tuvo un pique impresionante. Veíamos su caña levantada y que su línea no dejaba de salir, ya tenía bastante backing afuera y Rubén le dice que si no empezaba a correr aguas abajo no la iba a poder parar más. Después de media hora de pelea vemos que acerca a la orilla un truchón que acusó en la balanza “6.50 kilos”. Impresionante realmente. Estábamos todos en ese momento y observamos que la mosca (una matuka verde) estaba clavada casi en la agalla. Le sugerimos que cortara el tippet y dejara la mosca clavada por el riesgo de tocar esa zona tan delicada de las truchas. Nos dijo que creía que podía sacarle la mosca sin hacerle daño y en el momento que intentó desclavarla, un gran chorro de sangre inundó la zona en la que estábamos. La trucha se puso de color pálido y fue infructuoso todo intento de reanimarla. Daba pena ver un pez de ese tamaño sin vida…
Ya hacia última hora del día, volvimos a pozón del Chacabuco a hacerle la última pasada y nos encontramos a los mismos pampeanos ya posicionados pescando. Fuimos entrando a medida que ellos avanzaban y entré último, después de mis amigos. En esa ocasión coincidimos en poner una Leonius Barbadus para intentar irritarlas.
Realmente en  la posición que estaba (último de ocho pescadores) intuía que mis chances eran casi nulas. No había hecho más de tres o cuatro intentos y siento nuevamente que mi línea se detiene con violencia. Para ser sincero, más que palabras de felicitación de parte de mis amigos, sentía insultos y palabras como: “No podés tener tanto c….”.
Después de un buen rato de pelea, cuando la estoy acercando a la orilla, el Gordo Garbín le preguntó al Tolo si era muy grande y este le respondió: “Parece un cocodrilo”. Este truchón pesó 4.500 kilos, realmente un truchón para el infarto.



Trucha marrón de 4.500 Kg.


Tal como había prometido, esa noche fuimos los cuatro a cenar a un restaurant y pagué con gusto la factura de todos.
Muy probablemente un día como ese, será difícil que se vuelva a repetir. Pero realmente vuelvo a sentir la misma emoción cada vez que recuerdo cada uno de esos espectaculares momentos.


Gustavo Giornelli

 

 

Sur Fly Shop
Fernando Mosso Mail

Las Mejores FOTOS del ONE FLY 2008

 

 
AMPM Asociación Mendocina de Pesca con Mosca - Seru 55 Ciudad Mendoza CP. 5500 Tel: (261) 424 3019